Para los pobladores del municipio de Tlahuelilpan, la vida como la conocían cambió hace tres años. La fama del lugar por sus sembradíos de alfalfa, betabel, brócoli y coliflor, comenzó a opacarse por una nueva actividad que empezó a ir en auge: el robo de combustible, también conocido como huachicoleo. Se trata de la actividad ilegal que el pasado viernes provocó una explosión mientras cientos de personas tomaban gasolina de un ducto perforado y que hasta el momento ha dejado casi un centenar de muertos.

El mismo fenómeno que se observó en Tlahuelilpan sucedió en otros poblados vecinos por cuyos campos de legumbres y alfalfa pasan ductos cargados con combustible que conducen a la refinería de Tula, una de las principales del país y que abastece a la Ciudad de México.

Por esas prácticas, Hidalgo se convirtió en 2018 en el estado mexicano con el mayor número de tomas clandestinas en el país, según información hecha pública por Petróleos Mexicanos (Pemex). El informe oficial detalla que Hidalgo pasó de tener un registro de 146 ductos perforados en 2014 a 2,121 en 2018, lo que representa un aumento de 1,352%.

Cifras similares se registraron en todo el país, pero a mayor escala, pues el número de tomas clandestinas aumentó 304% en ese periodo de tiempo. En 2014, Pemex había detectado 3,685 tomas, para 2017 llegó a 10,363 y el 2018 terminó con 14,894.

De este total nacional, el 80% del robo de gasolina en ductos, se registra en siete estados principalmente: Hidalgo, Puebla, Guanajuato, Jalisco, Veracruz, Estado de México y Tamaulipas.

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