A clases o nada. Las aulas de varios estados del país están vacías y todavía no termina el año escolar. En contraparte, las principales avenidas del DF se convirtieron, nuevamente, en ríos humanos de maestros que entonan las consignas que, aunque cambian según el momento político, tienen la misma intención: detener cualquier cambio que ponga en riesgo sus mohosos privilegios. Hace un par de días, una comitiva de los profesores de la CNTE que marcharon, otra vez, entró a la Secretaría de Gobernación, pero en esta ocasión no se salieron con la suya. El Gobierno Federal dio un giro a su postura. No más chantajes: “o regresan a dar clases o no habrá diálogo”. Tantos años de la CNTE y el SNTE de manipular a las autoridades: o nos dan lo que pedimos o salimos a las calles. Ya era hora de que les pusieran un alto. “Las circunstancias cambiaron, no podemos negociar contra la pared, no atender demandas imposibles…”, le dijo Luis Miranda, subsecretario de Gobernación encargado de atender a la comitiva de la Coordinadora, a Ciro Gómez Leyva. Nada insensato, pero conociendo a estos manifestantes, sabíamos que no tardarían en rechazar la postura federal. Aquéllos, acostumbrados a estallar en las calles, se dicen no partidarios de negociar contra las cuerdas, porque así es como lo entienden ellos: regresarlos a dar clases, es una forma de someterlos; salir a las calles y no trabajar —pero sí cobrar— es la vía que les parece “adecuada” para la búsqueda de sus eternas peticiones, que no van sino a la protección de sus intereses. La educación poco les importa, ya han dejado sin clases a millones de estudiantes a unas semanas de que termine este ciclo escolar. Esperemos que el gobierno no se desdiga. Por lo pronto, los “maistros” ya dijeron que les vale: que ellos se quedan en el DF y van a seguir marchando…

¡Ya chole! Al partido de Andrés Manuel López Obrador no le bastó con arrebatarle al PRD cinco delegaciones y convertirse así en mayoría en la Asamblea. En Iztapalapa les cayó el karma. La jugarreta que le aplicaron a Juanito, se le regresó a Clara Brugada en forma de derrota en las urnas. Pero ya están gritando ¡fraude! Según el PREP del IEDF, Dione Anguiano (PRD-PT-PANAL) obtuvo 198 mil 604 votos; la candidata de AMLO logró 172 mil 563. La diferencia es de 26 mil 041 votos, pero ya desempolvaron el típico discurso de fraude electoral. Ya sé, no es sorpresa, antes de la elección ya habían dicho que si los números no los favorecían sería señal de un compló en contra de sus candidatos. Si gano yo, triunfa la democracia y si pierdo, será fraude, el gastadísimo catecismo de El Peje. Parece que Morena no ha entendido todavía cuál es su papel en un sistema electoral al que se aferró en pertenecer, pero sólo reconoce en la victoria. Nada bueno saldrá para López Obrador si sigue aferrado a su más negativo y voluntarioso proceder. Más le convendría visibilizarse como una oposición de debate, de propuestas y diálogo pero, al parecer, el gen lopezobradorista es cosa imposible de sacudirse.

Los 547 votos. Es casi nada, es el 0.18% de diferencia a favor de José Ignacio Peralta, candidato del PRI a la gubernatura de Colima. “Se confirma un dato muy parecido a lo que nosotros habíamos dicho, que era nuestro triunfo electoral por 547 votos. Hace unos días, con el PREP y la ausencia del registro de 33 actas, habíamos hecho el cálculo y dijimos que iba a terminar en este orden de magnitud…”, me dijo ayer Peralta en Reporte 98.5. “Falta que este conteo se valide por parte del Consejo General del Instituto en el estado, y ahí es donde se puede aplicar esta regla. Hay dos criterios, uno, en donde la diferencia entre primero y segundo lugar es menos de 1%, entonces se puede abrir el paquete para contar los votos. El segundo sería si el número de votos nulos es mayor a la diferencia entre primero y segundo lugar, eso también posibilitaría abrir el paquete y hacer recuento de voto por voto…”, agregó. Final cardiaco en esta elección. Quien le pisa los talones al priista es, por cierto, Jorge Luis Preciado, abanderado del PAN, quienes ahora piden el conteo “voto por voto, casilla por casilla”. Quién lo diría. Yuriria Sierra

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