En los humedales de Tabasco, en el sureste de México, agricultores indígenas hacen guardia fuera de los pozos petroleros. No tienen un estatus oficial, pero cualquiera que pretenda hacer negocios allí tiene que pagar para poder pasar.

Por ejemplo, en el pozo 144 en el enorme campo Sen, propiedad de Petróleos Mexicanos (Pemex), las compañías de servicios señalan que tienen que pagar a dos de esos grupos, que dicen representar a las comunidades locales y terratenientes.

En algunas áreas hay hasta 10 y cobran tarifas que pueden llegar a 50 mil pesos (2 mil 670 dólares) al mes para las firmas internacionales más grandes.

No hay muchas otras maneras de que la gente de la provincia gane dinero con el petróleo. En los cuatro años desde que México abrió su industria energética al mercado global, se han firmado más de 100 contratos de exploración y producción.

Pero la promesa de una ola de inversión no se ha cumplido; Pemex y sus contratistas recortaron empleos cuando cayeron los precios del crudo y no los han restituido con la actual alza.

Esa es una de las razones por las cuales los votantes del corazón petrolero de México están abandonando al Gobierno de cara a las elecciones presidenciales de julio. Se están acerando al único candidato que promete una política energética más nacionalista: Andrés Manuel López Obrador.

Ha ayudado mucho a Andrés Manuel López Obrador ser un chico local.

“Andrés es de Tabasco, comprende la pobreza en la que vivimos”, dijo Pablo Osorio, uno de los agricultores indígenas que vigilan el pozo. “No hay hospitales, ni grandes supermercados. Lo único que las reformas petroleras nos han traído es tierra contaminada”.

López Obrador dice que revisará los contratos ya firmados con petroleras privadas, y que podría dejar de otorgar nuevos contratos. También promete fortalecer Pemex y construir dos nuevas refinerías (una en Tabasco y otra en Campeche). Además ha propuesto congelar en términos reales los precios de los combustibles.

Parece cada vez más probable que el hombre de 64 años tendrá la oportunidad de implementar esa agenda. López Obrador se dirige a una victoria arrolladora.

De acuerdo con la última encuesta de El Financiero, el candidato de ‘Juntos Haremos Historia’ cuenta con el 42 por ciento de las preferencias, por encima del 23 por ciento que obtuvo Ricardo Anaya, su contrincante más cercano y quien respalda la Reforma Energética.

En la industria, existe la preocupación de que López Obrador haga que el petróleo mexicano vuelva a los malos viejos tiempo

Las reformas no han detenido una caída en la producción de crudo de México, pero los partidarios dicen que deberían ser juzgadas a más largo plazo. Revertir el curso ahora sería “un error y un freno para el país”, dijo Javier Zambrano, director ejecutivo de la petrolera local Jaguar Exploración y Producción.

Está comenzando a llegar capital extranjero, que va desde gigantes globales como Royal Dutch Shell y Exxon Mobil hasta pequeñas firmas de perforación con grandes ambiciones. La canadiense Renaissance Oil fue una de las pioneras; participó en la tercera subasta competitiva que se celebró en México, en diciembre de 2015, donde se adjudicó tres bloques terrestres.

La producción actual de la compañía, de mil 650 barriles por día, es solo el comienzo, dijo el fundador, Craig Steinke, siempre que las reformas continúen. “Lo importante es un flujo constante de nuevas oportunidades”.